Sobre las democracias participativas

LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS COMO HERRAMIENTAS PARA LA TRANSFORMACIÓN Y LA JUSTICIA SOCIAL




1. DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA A LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

Valores como la cooperación, la solidaridad, la generosidad o la pluralidad están en retroceso, frente al individualismo o la competitividad. Los espacios de encuentro, comunicación e intercambio donde las personas puedan relacionarse son cada día más escasos.

Los individuos nos encontramos muy alejados de ser protagonistas de nuestra realidad. Todo lo que nos rodea y afecta (economía, política, medio ambiente, ...) no depende directamente de nosotros, hemos relegado esa función en manos de otros, formando un complejo sistema político y una macroestructura económica difícil de entender por la ciudadanía, un engranaje complicado y lleno de circunstancias aleatorias o no que se escapan a nuestro control.

Parece que hoy por hoy, no hay alternativas económicas, sociales o políticas a la situación actual, y si las hubiera y las pusiéramos en práctica, nos traerían el caos, la miseria y el hambre. Rige un orden inamovible que ha dispuesto el “teatro del mundo”, como si formara parte del equilibrio natural.

La Participación es cambio social, es transformación de la realidad. El desarrollo de la participación tiene por objetivo la participación en el desarrollo.

El estado actual del progreso permite, hoy más que nunca, la posibilidad de contar con los recursos técnicos y materiales necesarios, para lograr el avance en el desarrollo social para todos y todas.

La dinámica económica y social, entendida desde una perspectiva global, demuestra que tal avance no se ha producido en las dimensiones que cabría esperar desde la óptica de la justicia social, siguen existiendo desigualdades evidentes. Es preciso, por tanto, formular proyectos y respuestas alternativas a esta modalidad de “progreso”. Ahí está el reto.

La Democracia Participativa se presenta como un modelo político y social donde el protagonismo pasa a ser de la ciudadanía, a través de una autoorganización dirigida a conseguir el ejercicio de la democracia directa, es decir, que la ciudadanía pueda participar en las decisiones que indudablemente le afectan.

No confundamos el hecho de que la ciudadanía participe en las decisiones, con que se haga lo que cada uno quiere. Con el modelo de Democracia Participativa cada persona es un voto, no representa a nadie, pero no se queda en el voto, en la decisión de apoyar tal o cuál propuesta. Es tan importante estar participando en el momento de las votaciones o las decisiones, como en la elaboración, debate, priorización, organización, etc. de lo que se vota o decida, porque en todo el proceso se toman decisiones, en todo el proceso tenemos algo que decir, y es de las interacciones de los debates, de los análisis, de los acuerdos y desacuerdos, de las negociaciones, de los consensos, de todo esto es de donde finalmente salen las decisiones, no simplemente en la fase final (entendiendo que el proceso de política participativa no concluye nunca, está vivo y es continuo)

Para llevar a cabo esta forma de hacer política (entendida como organización social y búsqueda del bienestar común, donde todos y todas participan como agentes políticos, diferenciados de los partidos pero con puntos de trabajo conjunto), es necesario poner en marcha diferentes medidas, crear canales y sobre todo planificar procesos educativos y de comunicación.




2. LO BUENO DE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL Y LAS DIFICULTADES

Estamos acostumbrados en las democracias occidentales a que quien me soluciona los problemas, o quien me los crea, siempre es otro. Les llamamos políticos y sobre sus hombros recae toda la responsabilidad. Si a esta actitud ante nuestras vidas, le sumamos un sistema económico capitalista de mercado libre, donde la “ley de la jungla” es la que funciona, le sumamos un sistema de consumo, donde tanto vales si tanto tienes, y lo mezclamos a un ritmo de medios de comunicación de masas como única fuente de información y de opinión, acabamos teniendo el gran batido del “estado del bienestar”. Aunque posiblemente bienestar sea para bien pocos.

Cuando tenemos experiencias de encuentro entre personas (no entre consumidores) donde se puede hablar, debatir, vivenciar, descubrimos que nos sentimos a gusto, que es bueno eso de ver a otra gente, de conocerla, de pensar en cosas distintas que no salen por la televisión, etc.

Además de los aspectos emocionales y relacionales que aporta la participación social, y que son motivadores para mantenerla, también encontramos beneficios de otro orden. Serían los que están directamente relacionados con el para qué participamos, es decir, relacionados con el canal de participación que utilizamos y su objetivo.

Por ejemplo, si participo en la votación de un referéndum (democracia directa) sobre un tema que me interesa, lo hago porque eso servirá para tomar una decisión y aporto mi opinión a través de una papeleta.

Normalmente en el sistema de participación actual, de la mayoría de las localidades, es complicado percibir beneficios para participar, ya que normalmente son procesos farragosos, que no conocemos, no son abiertos a las necesidades, si no a decisiones de los/as representantes políticos, burocratizados y excesivamente regulados (por otros)

Estos problemas para participar se vuelven en contra de los/as políticos/as también, ya que cada vez es más abierta la brecha entre ciudadanía y organización social y comunitaria (política), y, sobre todo, en las poblaciones más pequeñas es donde más se necesita el concurso de todos/as para poder aunar esfuerzos. Muchas veces nuestros/as representantes políticos/as se encuentran “solos/as ante el peligro”. Y qué decir de la ciudadanía, si participar no sirve para nada, si como personas no “se pinta” nada en las decisiones, ¿por qué hay que participar?

Aquí es donde entra en juego la propuesta de dotarnos de nuevos canales de participación. Abiertos, cercanos a la población, que superen la representación y promuevan la participación de todos/as. Porque es un derecho y una responsabilidad de todos/as participar en el desarrollo de nuestras comunidades. Porque las ideas compartidas son más creativas. Porque si participamos en la creación de las acciones que después llegarán a nuestras realidades, nos aseguramos que sean lo más fiel a lo que necesitamos y queremos. Porque tenemos muchas cosas que decir. Porque sabemos cómo hacer las cosas bien. Porque participar en la decisión de hacia dónde se dirige el dinero público, por ejemplo, nos corresponsabiliza.




3. CÓMO SE HACE REALIDAD LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

Existen modelos, experiencias, tecnologías, que pueden servir de guía para poner en marcha una práctica de democracia participativa en nuestras realidades cercanas.

Las teorías son claras y las tecnologías también, pero siempre se encuentran con dificultades importantes a la hora de ponerlas en prácticas. Como aquí, en esta documentación, pretendemos ser lo más prácticos posible, sin entrar en las teorías, queremos hablar de las condiciones necesarias para que los canales ya experimentados, y los procesos que ya existen en torno a las Democracias Participativas, puedan tener éxito en un contexto nuestro, cercano y real.

Es necesario concebir la política como un derecho y una responsabilidad de cualquier ciudadano/a de nuestra comunidad. Hay que cambiar la imagen de que la política es monopolio de los partidos políticos, y que fuera de ese canal no existe la política. Tanto por el bien de los partidos, como por el bien del sistema y por supuesto de la ciudadanía en general, todos/as tenemos nuestro papel que jugar en la transformación de nuestras realidades.

El nuestro, el de cada uno/a, que si no lo jugamos, también influye en ese desarrollo. En realidad no existe la no participación política, porque siendo pasivo, estando al margen, también configuramos la comunidad. También condicionamos el desarrollo del lugar donde vivimos.

La política no la entendemos como ideologías, partidos, etc. Sino como organización social, comunitaria, desarrollo para la igualdad de oportunidades, … Es más amplio. Tan amplio que nos implica, aunque no queramos en toda nuestra persona. Por ello, la visión integral, interrelacionada y viva de las personas y las comunidades, son posiciones que ayudan a comprender la pertinencia de la participación.

Y consecuentemente con todo esto, es necesario entender la participación como algo que lo atraviesa todo. La famosa palabra “transversalidad” no es otra cosa que esto. Lo cual implica que se trata de procesos, es decir, caminos donde se va poco a poco y cumpliendo metas cada vez más complejas. Pero la paciencia unida a la confianza son necesarias. No se trata de “vender la moto” a nadie con que se tiene la solución a todo y todo saldrá estupendamente porque hayamos incluido la palabra participación a nuestro vocabulario. Hay que ser realistas. Es un proceso, tengamos paciencia.

El que se trate de un proceso implica que habrá que planificar cuáles son las diferentes estrategias, y la palabra diferentes es fundamental. Diferentes quiere decir que no habrá solo una, y que habrá que pensar desde distintos lugares, distintos puntos de vista, distintos sectores, distintos momentos en que nos encontremos, distintas situaciones de la población, de la comunidad.

No se trata solo de ofrecer un canal de participación (una Asamblea Local, un Concejo abierto de vecinos, una Agenda 21, unos presupuestos participativos, un Consejo, etc.) se trata también de aprender a participar, porque mientras los/as más implicados/as, que a priori serán la minoría, se movilizan para participar, hay que seguir estrategias de educación para la participación.

Entendemos que esta educación, que se debe realizar desde diferentes lugares, es la base necesaria sobre la que sustentar un modelo de desarrollo diferente y mejor al que actualmente sufrimos. Un modelo realista y construido por todos/as.

Por algún sitio hay que empezar, abrir camino, así que si se apuesta por empezar a andar por estos territorios, mejor que se haga poco a poco, con buena letra y confiando en la gente.

Algunas condiciones necesarias que son recomendables, para comenzar cualquier proceso participativo, son:

• Partir de la realidad de la comunidad
• Fijar unas metas claras, que al principio sea una participación instrumental, para conseguir algo decidido y construido colectivamente
• Los efectos de la participación tienen que ser visibles en un plazo corto de tiempo
• La participación también es una actitud, con lo cual tenemos que promover actitudes participativas y no consumistas de actividad
• Que la información fluya sin límites (que todo el mundo se entere)
• Implicar a las personas clave, pertenecientes a asociaciones o grupos informales, técnicos/as, políticos/as, etc.
• No perder la perspectiva de integralidad y transversalidad



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